La Asamblea General de la ONU revela el avance de la lucha de los países y pueblos
Esta Asamblea General se recordará durante largo tiempo. Porque ha sido una cumbre de la ONU que ha escenificado la pujanza de la lucha de los países y pueblos, el avance inexorable del multilateralismo, el creciente aislamiento de la superpotencia norteamericana y el declive de su hegemonía.
Deverdaddigital 27 septiembre, 2025 | David Bezoar
Celebrando su 80 aniversario, ésta no ha sido una cumbre de la ONU más. Ha sido la Asamblea General que ha puesto como centro la condena de la inmensa mayoría de los países y pueblos al genocidio en Gaza. Ha sido la cumbre donde la bronca y delirante intervención de Trump nada ha podido hacer para detener el aislamiento de su gendarme israelí o el avance del multilateralismo. Ha sido la cumbre que -hasta la fecha- más y mejor ha reflejado el verdadero signo de los vientos que soplan en el mundo: el avance de la lucha de los países y pueblos.
Todos los años la Asamblea General de las Naciones Unidas celebra una cumbre. La mayoría de los años, el contenido de esas cumbres cae, sin pena ni gloria, muy poco después… en el olvido. Pero la Asamblea General de este año se recordará durante tiempo. Porque ha sido una cumbre de la ONU que ha escenificado la pujanza de la lucha de los países y pueblos, el avance inexorable del multilateralismo, el creciente aislamiento de la superpotencia norteamericana y el declive de su hegemonía.
Y particularmente se recordará por ser la cumbre de la ONU donde avanzó de forma notable y cualitativa el reconocimiento del Estado Palestino, contra todos los intentos de sabotearlo o socavarlo por parte no sólo de Israel, sino de Washington, que llegó a denegar el visado a la delegación palestina, teniendo que asistir a la sesión de forma telemática.
Nada de todo eso sirvió. A lo largo de la cumbre se han producido importantes incorporaciones al abultado número de países -157 de los 193 reconocidos en la ONU, que suponen el 81% de las naciones del globo, y que agrupan a casi el mismo porcentaje de la población mundial- que reconocen a Palestina como Estado soberano. Se trata ni más ni menos que de dos grandes potencias europeas -Reino Unido y Francia- que además forman parte del Consejo de Seguridad, de países tan importantes como Canadá o Australia, o de naciones europeas como Portugal, Bélgica, Luxemburgo, Malta, San Marino, Andorra. Todos ellos han reafirmado su apuesta por la «solución de los Dos Estados» que Israel y Washington buscan cegar a toda costa.
La bronca del Emperador desnudo… y el aislamiento de su gendarme
Tras la cascada de reconocimientos al Estado Palestino, Trump acudió a la Asamblea General no sólo a reñir y abroncar a los asistentes, recriminándoles haber otorgado «un regalo demasiado grande a Hamás», sino a denigrar a la propia institución de Naciones Unidas.
En un discurso tan bronco como delirante, Trump se quejó de haber sido objeto de un «triple sabotaje» (ascensor atascado, teleprompter fallido y audio cortado durante su intervención). Luego acusó a la ONU de ser «inútil» e «ineficaz»: «Mientras estaba trabajando para salvar millones de vidas para poner fin a las guerras, a siete guerras interminables en siete meses, por lo que todos dicen que debería ganar el Premio Nobel» -dijo, ante el sonrojo de muchos- «lamentablemente las Naciones Unidas ni siquiera han intentado ayudar». Es más, acusó a la ONU de financiar «invasiones» a través de “programas de refugiados, destruyendo las fronteras occidentales”. Luego llamó al cambio climático «el mayor fraude en la historia» y a la agenda verde un «estafa global» que destruye economías.
La reacción a esta discursos: aplausos de algunos delegados.. y el frio silencio de la mayoría. Pero pocos días después, se produjo otra imagen reveladora. Cuando Netanyahu se dirigió al estrado para tomar la palabra y pronunciar un discurso en el que acusaba a los que han reconocido el Estado Palestino de “premiar a los asesinos de judíos”, un centenar de delegaciones -la mayoría del pleno- abandonaba la sala en protesta, o lo recibía con abucheos y una sonora pitada. Una imagen pocas veces vista en el máximo foro diplomático del planeta.
Lo que reveló la bronca de Trump y el vacío y abucheo del pleno a su gendarme israelí, lo mismo que la cascada de reconocimientos del Estado Palestino -algunas de ellas por parte de sus más estrechos aliados-, o las votaciones sobre temas como los Objetivos de Desarrollo Sostenible o sobre la próxima Cumbre del Clima… es la desnudez del emperador, la creciente soledad de la superpotencia, que sólo consigue ser acompañada en sus votaciones por estrechos gendarmes como Israel, por gobiernos de extrema derecha como los de Argentina o Hungría, o por pequeños países cuya soberanía está chantajeada por las decisiones de EEUU, como las islas del Pacífico.
El resto, la inmensa mayoría de las naciones de Asia, África, América, Europa y Oceanía, vota corrientemente, en casi cualquier cuestión de importancia, en contra del criterio de los EEUU de Trump. Una situación que escenifica la contradicción principal que recorre el globo: la que existe entre el hegemonismo norteamericano y el conjunto de países y pueblos del mundo.
