La inflación continua devorando nuestros sueldos
El pasado jueves el editorial del El País tenía dos titulares certeros: «La pobreza daña la democracia», «Las multinacionales con impuestos a la carta»; pero una errata muy gorda cuando afirmaba que, «pese a las mejoras salariales… se mantienen niveles de desigualdad superiores a la media europea».
Primero, las mejoras salariales lo son si se mantiene o aumenta el poder adquisitivo y no cuando se pierde. Y por otro lado si la capacidad de compra de los trabajadores decrece, no se mantienen las desigualdades sociales, estas aumentan.
Por otro lado, su antagonista, el periódico ABC, en su editorial de mediados de octubre, titulaba: «La inflación devora los sueldos«; ambos coinciden en recoger los tozudos hechos que nos muestran el INE o Cáritas cada mes. El 11% de los trabajadores está en riesgo de pobreza, el 17% de la población sufre privaciones materiales, la mitad de los que vivimos de alquiler o tenemos empleos precarios estamos con un pie fuera del llamado Estado del bienestar.
Estas cifras las engrosan principalmente los 2,5 millones de jovenes que viven día a día esta situación. Que ambas cabeceras tan distantes ideológicamente no lo estén tanto en este tema ¿es por que el capitalismo con rostro humano se abre paso? ¿es el mundo al revés? Pues no.
Curiosamente, aunque los dos medios proponen soluciones diferentes que próximamente abordaremos, los dos coinciden en sacar de la ecuación lo evidente, los sueldos. Y es que hay que subir los sueldos hasta recuperar y aumentar el poder adquisitivo de quienes producimos la riqueza, cada vez mayor, de este país.
Al mismo tiempo, contra la devaluación de los salarios estamos todos los trabajadores y todas las centrales sindicales. Pero para llevar una lucha consecuente por la subida salarial no podemos tragarnos la idea que difunde la patronal, cuando dice que subiendo los salarios subirá la inflación. Debemos decir bien alto, que el aumento de los salarios no genera inflación. Lo que pasa con el aumento de los salarios es que le quitamos una parte de la cuota de ganancia al capitalista para que los trabajadores que generamos esa ganancia, podamos vivir mejor. Y es el capitalista, que considera esas subidas como pérdidas, el que incrementa los precios con la intención de aumentar su ganancia.
Pero tranquilos, como dijo Marx en «Trabajo asalariado y capital», y como demuestran las miles y miles de subidas salariales arrancadas al capital por las luchas obreras, «después de trastornar temporalmente los precios del mercado, la subida general del tipo de salarios sólo conducirá a una baja general de la cuota de ganancia, sin introducir ningún cambio permanente en los precios de las mercancías«.
Entramos en el momento del año en el que las tablas salariales son la punta de lanza de la lucha obrera. En la recuperación y aumento del poder adquisitivo los sindicatos no están solos. Ningún trabajador debe desligarse de esta reivindicación. Apoyar a nuestras organizaciones de clase en esta tarea es clave y los sindicatos deben saber y atreverse a movilizar a todos los trabajadores por este objetivo.
¡Recuperemos el poder adquisitivo ya!
