Juventudes de Unificación Comunista de España

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Personas jóvenes esperando en una oficina de empleo en Andalucía, reflejo del paro juvenil y la precariedad laboral en España.

Crece la economía, se hunde la juventud

Adrian Rodríguez Cazorla

En este año que termina, el balance respecto al empleo juvenil vuelve a ser profundamente negativo y deja al descubierto una de las grandes contradicciones de la sociedad española. Mientras el Gobierno y las instituciones europeas celebran que España lidera el crecimiento económico de la UE, la juventud trabajadora sigue atrapada en el paro, la precariedad y la imposibilidad de construir un proyecto de vida propio.

La tasa de paro juvenil se sitúa en torno al 25 %, con más de medio millón de jóvenes desempleados y decenas de miles que han perdido su empleo solo durante los meses de verano. Estas cifras no son un accidente ni un fallo puntual: son la consecuencia directa de un modelo económico que crece, sí, pero no crece para la mayoría social. España produce más riqueza que otros países de su entorno, pero esa riqueza se concentra cada vez más en manos de bancos, fondos de inversión y grandes monopolios, mientras los salarios se estancan y la precariedad se normaliza.

Se nos repite que el problema del paro juvenil es la falta de formación, pero nunca habíamos tenido una juventud tan cualificada. La realidad es que el mercado laboral español no es capaz, ni tiene interés, en absorber a esa juventud formada. Ante la falta de empleo digno, miles de jóvenes prolongan sus estudios de manera forzada, no por vocación, sino como única salida frente al desempleo. El resultado es un retraso generalizado en la emancipación, dependencia económica de las familias y una frustración vital que no aparece en los indicadores macroeconómicos.

Mientras tanto, los beneficios empresariales baten récords. La llamada “buena marcha de la economía” convive con contratos temporales, jornadas parciales impuestas, salarios insuficientes y una juventud condenada a encadenar prácticas, becas y empleos sin derechos. La economía de los bancos y los monopolios va como un cohete; la economía de la juventud se hunde. Esta desigualdad creciente no es una anomalía, es el funcionamiento normal de un sistema que antepone el beneficio privado a las necesidades sociales.

Desde la Juventud de Unificación Comunista de España (JUCE) defendemos que esta situación no se arregla con parches ni discursos triunfalistas. Proponemos una alternativa de fondo:

1

Redistribuir la riqueza

Que paguen bancos y multinacionales, y que con ese dinero se emplee para general empleo productivo.

2

Empleo estable y con derechos

mediante la eliminación de contratos basura, temporales injustificados y la promoción de trabajos con formación, salario justo y protección social.

3

Plan de empleo juvenil público y participativo

coordinado con sectores productivos estratégicos (energía, industria, servicios públicos esenciales), que reserve plazas de empleo para jóvenes con criterios de justicia social y ecológica.

4

Formación útil vinculada a empleo real

Financiada y diseñada por la comunidad educativa, sindicatos y movimientos juveniles, que cierre la brecha entre lo que se enseña y lo que el mercado laboral necesita, con prioridad para sectores que aporten bienestar social y sostenibilidad

5

Plan de emancipación juvenil

Con vivienda asequible, becas dignas y eliminación de barreras económicas que impiden que la juventud acceda a una vida autónoma.

La juventud no necesita promesas, necesitamos derechos. Si la economía crece, debe hacerlo para quienes la sostienen con su trabajo

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