Juventudes de Unificación Comunista de España

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Que no nos cuenten cuentos, la juventud no es de derechas

Adrian Rodríguez Cazorla

Un clima de opinión recorre España, los titulares de prensa y las tertulias de televisión: “la juventud en España está virando a la derecha, hacia posiciones cada vez más reaccionarias, incluso hacia la extrema derecha y la nostalgia de regímenes autoritarios”. No. No. No. Que no nos cuenten cuentos. Busquemos la verdad en los hechos. Esta semana dos movilizaciones han transcurrido por las calles y plazas de Madrid, con muy pocas horas de diferencia.

El domingo 30 de noviembre, en el entorno del Templo de Debod, unas pocas miles de personas —fundamentalmente adultas, incluso de edad muy avanzada— se concentraron en una protesta ampliamente televisada. Cámaras, conexiones en directo, declaraciones a pie de calle… un despliegue mediático generoso. Se habló del “despertar ciudadano”, del “hartazgo transversal”, del “giro social”.

Apenas 24 horas después, el lunes 1 y martes 2 de diciembre, cientos de miles de estudiantes colapsaron las calles de Madrid en una huelga estudiantil que llevó a reventar la Puerta del Sol. Una movilización masiva, histórica, diversa, combativa, con una energía que no se veía desde hace años. ¿Y la cobertura mediática? Prácticamente inexistente. Ni directos, ni tertulias, ni análisis sociológicos de urgencia. Silencio. Un silencio interesado.

Nos dicen que la juventud se ha vuelto de derechas. Es mentira, y lo saben. Lo que tenemos es a un cuentacuentos narrando desde los mismos púlpitos que años atrás intentaban despolitizar a la generación más golpeada por la precariedad y los abusos de este modelo económico. Un cuento que se derrumba cuando la realidad desborda sus titulares prefabricados.

Porque esta no es una anécdota. Ahí está la juventud encabezando las protestas por el derecho a la vivienda, sosteniendo mareas por la sanidad y la educación públicas, saliendo en la Vuelta Ciclista denunciando el genocidio en Gaza y protestando contra el equipo financiado por Israel, alzando la voz en defensa del clima y del planeta. Son quienes ocupan las plazas cuando el alquiler es impagable, quienes señalan a los especuladores, quienes paran desahucios, quienes ponen el cuerpo en cada lucha social que merece ese nombre.

No, la juventud no está virando hacia la reacción. Está virando hacia la acción. Hacia la organización. Hacia la defensa de lo común frente al cinismo político y la indiferencia de quienes prefieren mirar hacia otro lado. Quien quiera comprender el país no debe mirar a Debod. Debe mirar a Sol: a esa marea de jóvenes que no piden permiso para defender sus derechos. Son ellos quienes marcan el rumbo. Y no será hacia atrás.

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