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COP30: ¿Cumbre por el clima o feria del Greenwashing

Jesús Mora

¿Qué es la COP y por qué se realiza?

Emergencia Climática, Desarrollo Sostenible, COP (Conference of the Parties), Transición Energética, son algunos términos que actualmente tenemos más presentes en los noticiarios en la prensa, internet y las conversaciones diarias. Pero hay veces que no sabemos bien a qué hacen referencia y como están relacionados todos estos conceptos.

Por ir al grano, la Emergencia Climática se podría definir como la incertidumbre de qué va a ocurrir con la atmósfera, los mares, las estaciones, el clima en general, tras cambiar drásticamente los límites conocidos que dan estabilidad al clima en la tierra tal y como lo conocemos y en el que hemos convivido con todas las especies desde que existimos.

Esta preocupación no es nueva, en 1987, en el Informe Brundland para las Naciones Unidas se define el Desarrollo Sostenible como un modelo que sea capaz de Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones del futuro
para atender sus propias necesidades.

La Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro es clave para que se establezcan reuniones
periódicas para afrontar el problema del Cambio Climático, 3 años después en Berlín se celebra la primera COP. Y tras años de negociaciones y protocolos llegamos a 2025 en Belém donde se ha celebrado la  COP30, la 30ª Conference of the Parties (Conferencia de Partes).

Debido a que el principal (pero no el único) problema de los límites climáticos es la Concentración de CO2 en la Atmósfera, la solución es la Des-carbonización, o sea, dejar de depender de los combustibles fósiles. Para lograrlo debemos cambiar nuestra actividad movida por un tipo de energía procedente del petróleo el cual es finito a un tipo de energía procedente de recursos no finitos y sin generación de CO2. Esto es el reto de la Transición Energética, lograr cambiar nuestro recurso energético.

Y es aquí donde empiezan los problemas. Pues los lobbies energéticos ven comprometida su propia supervivencia (dado que ellos proporcionan el petróleo que queremos eliminar de nuestra actividad).

Contras y Crítica a la COP30

La COP30 de Belém se presentó como la “cumbre de la Amazonia”, el lugar donde el mundo por fin escucharía a la selva y a los pueblos que la habitan (ya que hasta ahora siempre han estado en segundo o tercer plano). Pero basta mirar quién financia la Cumbre y quién llena las ponencias para entender que, más que una asamblea climática, parece la junta de accionistas de los grandes contaminadores. Entre los patrocinadores (excluyendo la financiación principal del gobierno anfitrión de Brasil, la ONU y el gobierno local de Belém) encontramos varias empresas energéticas, del automovilismo, tecnológicas y un gran número de bancos. Lo que nos indica que los principales ponentes y patrocinadores tienen de entrada conflicto de intereses hacia el objetivo principal de la COP.

Según la coalición Kick Big Polluters Out, más de hay más de 1.600 acreditaciones de la industria de los combustibles fósiles en Belém: aproximadamente una de cada 25 personas presentes en la cumbre, la mayor cuota de la historia de las COP. Superan en número a casi todas las delegaciones nacionales. Entre ellos hay representantes de gigantes del petróleo y el gas y, además, 531 lobistas vinculados a la industria de la captura y almacenamiento de carbono, la nueva coartada tecnológica para seguir quemando hidrocarburos “como si nada”.

Las cuotas de Carbono, o captura de carbono, es la trampa legal que encontraron los lobbies de seguir contaminando sin que se les penalizara por ello. Simplificándolo mucho, compran bonos de C02 a países que no están emitiendo, o plantando árboles de rápido crecimiento (eucaliptos principalmente) para capturar el CO2 que su actividad va a generar. Provocando que estos bonos sean una trampa para mal paguen su daño ambiental, o generen más problemas forestales por plantar árboles sin ton ni son, sólo para tener su check verde.

Brasil dista de ser neutral. Mientras presume de “liderar la transición”, autoriza nuevas perforaciones de Petrobras en la desembocadura del Amazonas y subasta bloques a grandes petroleras. A Belém se invita a JBS –mayor cárnica del mundo, ligada a deforestación masiva– y a mineras como Vale o Samarco, mientras Edelman, histórica aliada del lobby fósil, impulsa que un cliente suyo abastezca de energía la COP y lave su imagen “verde”.

No es un accidente: es un modelo. Quien paga manda. Y en la COP27 en Glasgow ya vimos cómo se formó una “anti-cumbre”, formada por comunidades indígenas, científicos especialistas y comprometidos, personalidades que no tenían voz en la COP27, y como los medios se hicieron eco de este movimiento y las manifestaciones que querían sacar el Greenwashing de la COP. La respuesta fue que el país anfitrión de la COP28 fuese Arabia Saudita y cuyo presidente fuese el dueño de una petrolera saudita.

Campañas sociales como Kick Big Polluters Out hablan de “captura corporativa” de las
negociaciones climáticas y exigen expulsar a las empresas fósiles de las COP, igual que se
expulsó a las tabacaleras de la OMS. Globalwitness, Sindicatos y movimientos ecologistas
denuncian que estos foros se han convertido en ferias de greenwashing, donde se anuncian alianzas “verdes” mientras se bloquea cualquier compromiso serio de abandonar el petróleo,
el gas y el carbón.

Desde una mirada marxista, lo que ocurre en la COP30 no es una desviación moral ni un error de diseño, sino la consecuencia lógica de un sistema cuyo motor es la acumulación de capital.

El capitalismo se apoya en la extracción de energía y materiales baratos —petróleo, gas, minerales, tierra— y de convertirlos en mercancías rentables, aunque exploten con ello territorios, comunidades y clima.

Las empresas fósiles y agroindustriales no están en Belém para suicidarse como modelo de negocio; están para garantizar que cualquier “transición” preserve sus beneficios y su poder
político.

PROS y Punto Fuerte de la COP30

Pero no todo es malo, precisamente son estas denuncias las que señalan a la COP de Greenwashing las que ponen el foco en el sistema y las empresas no en la propia Cumbre. Aun con todo, se están logrando avances en alcanzar un nuevo modelo energético, en la pasada cumbre se alcanzó que debe de existir un fondo climático para países menos desarrollados que debe ser financiado por los países más ricos, para apaliar las peores catástrofes del Cambio Climático. En la COP30 se ha determinado que el fondo será de 300 millones de Dólares anuales para 2035 (sin determinar la financiación de los mismos).

Entre otras medidas tenemos una hoja de ruta de preservación de bosques (iniciativa de fondo para bosques tropicales y los países que preserven sus bosques), así como una transición verde justa e inclusiva, pero ninguna medida ha sido determinada en objetivos claros ni su financiación.

La fecha límite de los combustibles fósiles ha sido un tabú durante las sesiones, o directamente vetado por algunas partes. Ante este escenario, la COP30 puede decirse que ha hecho lo mínimo de lo mínimo por una transición justa, inclusiva y que no deje a nadie atrás. Y aflora la contradicción con la definición del Desarrollo Sostenible. Ya estamos por encima de 1’5ºC, ese
límite se ha superado, y los acuerdos y la hoja de ruta para mantenernos por debajo de los 2ºC son insuficientes.

Alternativa a la COP

La definición de un nuevo modelo que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas, no puede dejarse en manos de los que deciden cuáles son tus necesidades y quienes o qué se sacrifica por el camino, apropiándose de los beneficios del sistema que ha generado el problema.

En manos del capital, el desarrollo sostenible se reduce a un lavado verde sobre el mismo sistema de acumulación, donde ahora aparecen en el juego mercados de carbono, energías nucleares “verdificadas” como neutras, y proyectos que dicen ir por el progreso cubriendo necesidades que no son necesarias bajo la libre elección de los pueblos.

El marxismo propone otra cosa: entender el clima no como un problema técnico, sino como una cuestión de lucha de clases y de poder. Una política climática realmente sostenible implicaría planificar democráticamente la economía para garantizar las necesidades básicas (energía, alimentación, vivienda, transporte) dentro de los límites ecológicos del planeta, socializando los sectores estratégicos (energía, finanzas, agroindustria) y redistribuyendo el trabajo y la riqueza generada. Eso significa enfrentar directamente a las mismas corporaciones que hoy patrocinan, ocupan y moldean la COP30.

Fuentes

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